Desde el primer día que impartí una clase, supe que no habría bostezos, sólo adrenalina pura, sólo el reto constante. Estoy del lado de la profunda ansiedad, fluctuando constantemente entre la desolación y el gozo.
Por otro lado, la libertad de estar en clase, la sentí desde el primer día y me llevó a ser sabia en la toma de decisiones. Severa confía en Severa. Claro hay tantos aciertos como errores. A pesar de mis 35 años de experiencia docente continuo aprendiendo a ser maestro por ensayo y error, forjando poco a poco la identidad propia, aunque ésta tenga un carácter camaleónico, debido a que ninguna clase es igual, ningún grupo es igual. A mis alumnos, al paso del tiempo aprendí a conocerlos con sólo ver su cara, sus gestos, su postura y el movimiento de sus manos, la inclinación de su cabeza me dice mucho y la mirada grita en silencio: te entiendo, vas bien Severa, estoy cansado, no te entiendo, me agradas, que aburrido, enseña algo más interesante, que panchera eres, no manches, como dicen ellos.
Sentir y pensar, hacer sentir y hacer pensar. En este punto me enlazo a Unamuno y por consiguiente a Esteve, eso es nuestra profesión en pocas palabras y en consecuencia añado más: la importancia de la inteligencia emocional. Dominar mis emociones y si no puedo direccionarlas, aprovecharlas al máximo para impactar en el sentir de mis aprendices, para sujetarlos a mí. Acoplarnos todos en el sentir y el pensar, ser asertivo, ser congruente es el fin de la armonía que debe imperar en un pequeño espacio de 4x4 con 51 almas conjugadas en el propósito del sentir y del pensar. Que importante es nuestro quehacer docente.
Bravo Esteve, que cosas me revelas de mí y de mi profesión en la que el verbo principal es aprender pero como aprender, cómo lograr aprendizajes significativos, cómo incidir en la ZDP. Aquí surge el aspecto práctico del aprendizaje, el que nadie nos enseña. Sólo se aprende por ensayo y error dice Esteve.
Han pasado 35 años y aun sigo sintiendo el ligero temblor en mi voz y en mis manos a pesar de la constante camaleónica que me ha llevado a ser maestro del siglo XXI y aquí detengo mi reflexión ¿realmente soy el maestro que quiero ser? ¿Soy un maestro de humanidad? No lo sé y las autoridades educativas quieren saberlo, por eso nos sometieron a todos los docentes a un juicio didáctico y nos han dictaminado culpables, con un atenuante a nuestro favor: la ignorancia. La sentencia ha sido emitida al estilo de Paulo Freire, y dice el juez: La responsabilidad ética, política y profesional del educador, le impone el deber de prepararse, de capacitarse, de graduarse antes de iniciar su actividad docente. Esa actividad exige que su preparación, su capacitación y su graduación se transformen en procesos permanentes, por lo tanto los condeno a cursar una especialización en Competencias Docentes, para que aprendan a ser verdaderos maestros: Maestros de Humanidad
Por otro lado, la libertad de estar en clase, la sentí desde el primer día y me llevó a ser sabia en la toma de decisiones. Severa confía en Severa. Claro hay tantos aciertos como errores. A pesar de mis 35 años de experiencia docente continuo aprendiendo a ser maestro por ensayo y error, forjando poco a poco la identidad propia, aunque ésta tenga un carácter camaleónico, debido a que ninguna clase es igual, ningún grupo es igual. A mis alumnos, al paso del tiempo aprendí a conocerlos con sólo ver su cara, sus gestos, su postura y el movimiento de sus manos, la inclinación de su cabeza me dice mucho y la mirada grita en silencio: te entiendo, vas bien Severa, estoy cansado, no te entiendo, me agradas, que aburrido, enseña algo más interesante, que panchera eres, no manches, como dicen ellos.
Sentir y pensar, hacer sentir y hacer pensar. En este punto me enlazo a Unamuno y por consiguiente a Esteve, eso es nuestra profesión en pocas palabras y en consecuencia añado más: la importancia de la inteligencia emocional. Dominar mis emociones y si no puedo direccionarlas, aprovecharlas al máximo para impactar en el sentir de mis aprendices, para sujetarlos a mí. Acoplarnos todos en el sentir y el pensar, ser asertivo, ser congruente es el fin de la armonía que debe imperar en un pequeño espacio de 4x4 con 51 almas conjugadas en el propósito del sentir y del pensar. Que importante es nuestro quehacer docente.
Bravo Esteve, que cosas me revelas de mí y de mi profesión en la que el verbo principal es aprender pero como aprender, cómo lograr aprendizajes significativos, cómo incidir en la ZDP. Aquí surge el aspecto práctico del aprendizaje, el que nadie nos enseña. Sólo se aprende por ensayo y error dice Esteve.
Han pasado 35 años y aun sigo sintiendo el ligero temblor en mi voz y en mis manos a pesar de la constante camaleónica que me ha llevado a ser maestro del siglo XXI y aquí detengo mi reflexión ¿realmente soy el maestro que quiero ser? ¿Soy un maestro de humanidad? No lo sé y las autoridades educativas quieren saberlo, por eso nos sometieron a todos los docentes a un juicio didáctico y nos han dictaminado culpables, con un atenuante a nuestro favor: la ignorancia. La sentencia ha sido emitida al estilo de Paulo Freire, y dice el juez: La responsabilidad ética, política y profesional del educador, le impone el deber de prepararse, de capacitarse, de graduarse antes de iniciar su actividad docente. Esa actividad exige que su preparación, su capacitación y su graduación se transformen en procesos permanentes, por lo tanto los condeno a cursar una especialización en Competencias Docentes, para que aprendan a ser verdaderos maestros: Maestros de Humanidad
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